En 1878 Tiffany adquirió uno de los diamantes amarillos más grandes y elaborados del mundo desde las minas Kimberley en Sudáfrica. Bajo de la supervisión de George Frederick Kunz, experto en piedras preciosas, cortaron el diamante en forma de cojín desde 287,42 quilates a 128,54 quilates, resultado, una piedra preciosa que brillaba como si tuviera una llama iluminándolo por dentro. El Diamante Tiffany, así se conoce hoy en día, sentó el precedente de la compañía para su ingeniosa manera de cortar la piedra.
En 1886 Tiffany introdujo el anillo de compromiso que conocemos hoy en día – el Engaste Tiffany, the Tiffany Setting – una innovación que eleva el diamante del anillo con seis dientes de platino permitiendo una devolución de luz desde la piedra y maximizando su brillo.
Después de la muerte de Charles Lewis Tiffany su hijo, Louis Comfort Tiffany, se convertió en el primer Director de Diseño de Tiffany. Su posición como líder de diseñador americano se estableció aún más cuando el Presidente Chester Arthur le invitó a redecorar La Casa Blanca. En 1900 el joven Tiffany era el líder del movimiento Art Nouveau y artesanía. El famoso artista creó una gama de diseños increíbles, desde ventanas emplomadas muy técnicas, pasando por vidrio favrile colorido de Tiffany, joyas pintadas de esmalte basadas sobre plantas y hasta flores americanas.
Mientras el siglo XX avanzaban los diseños de Tiffany iban capturando el espíritu de la época, desde la extravagancia de los años 20, el modernismo de los años 30 hasta la época aerodinámica de los 40 y 50. Las joyas de Tiffany acentuaron la elegancia de las mujeres más glamurosas del mundo como Jacqueline Kennedy Onassis, Babe Paley o Diana Vreeland.
A lo largo de la historia, los Estados Unidos y otros gobiernos extranjeros han usado a la compañía para crear comisiones especiales. Entre ellos existe el Congressional Medal of Honor y el rediseño en 1885 del Great Seal de los Estados Unidos que se encuentra en documentos oficiales gubernamentales y en el billete de un dólar.
No solo la compañía es un referente por sus diseños de joyería y de regalos sino por su packaging. La caja azul donde Tiffany entrega sus piezas se ha convertido en todo un símbolo de estilo y sofisticación. El color azul fue escogido para las cajas y bolsas de Tiffany así como en los elementos de packaging, publicidad y artículos promocionales. Conocido como azul no me olvides, fue elegido, probablemente, por la popularidad que la piedra Turquesa alcanzó en joyería durante el siglo XIX. Tan importante era la caja azul que en 1906, The New York Sun publicaba, “(Charles Lewis) Tiffany tiene una cosa en su poder que no se puede comprar por mucho dinero que puedas ofrecer; el solamente te lo dará. Y eso es una de sus cajas. Las reglas de su establecimiento son férreas, nunca estará permitido entregar una caja con el nombre de la firma excepto con un artículo que haya sido vendido por ellos y del cual ellos son responsables”.
